Como preparar un viaje largo: destino Asia

Cómo preparar un viaje largo: Nuestra experiencia planeando un viaje de 7 meses en Asia

Una vez tomada la decisión, la pregunta era: Cómo preparar un viaje largo. No eran unas vacaciones de algunas semanas, sino que estaríamos en la ruta muchos meses y necesitaríamos una suma importante de dinero.

En el artículo anterior de esta serie que relata el viaje de 7 meses que realizamos en Asia, contamos que la decisión de hacerlo fue un proceso que se desarrolló durante varios meses.

Una vez tomada la decisión, vino la siguiente etapa: Cómo preparar viaje largo. Además también teníamos que planear como íbamos a pausar nuestra vida, que ya teníamos establecida. Qué iba a pasar con el trabajo, el apartamento, nuestra cotidianidad.

En este artículo te contamos cómo preparamos este viaje largo, desde nuestra experiencia personal y cuales fueron los pasos que seguimos.

El primer paso y el más difícil: Poner una fecha de inicio y la duración del viaje.

Lo primero que hay que establecer no es el destino ni el presupuesto, sino establecer una fecha de partida y además cual será la duración.

En cuanto a la duración del viaje, definimos que sería un año, inspirados en el concepto de año sabático. En Canadá es una práctica muy habitual pedir licencias no remuneradas, así que el plan era sencillo: los dos pediríamos este sabático unos meses antes de partir.

📌 Año Sabático

Este concepto tiene sus raíces en la academia, donde ha sido común que los profesores tomen una pausa cada 7 años para dedicarse a investigar, estudiar o simplemente renovarse.

Posteriormente se extendió al mundo laboral: una pausa temporal y acordada con el empleador, generalmente sin salario, al cabo de la cual se regresa al mismo puesto.

Este año lo dividimos en dos partes: La primera, el viaje largo, que al final fueron 7 meses, y el resto del tiempo lo pasaríamos en Colombia para tener la oportunidad de compartir tiempo de calidad con la familia y los amigos, más allá de las pocas semanas que habitualmente visitábamos el país durante las vacaciones.

Cuando llegó el momento, Adry no tuvo ningún problema en solicitar la licencia no remunerada de un año. Yo, en cambio, descubrí que necesitaba al menos cinco años de antigüedad, y en ese momento llevaba solo cuatro. Tenía dos opciones: esperar un año más, o renunciar. Después de una reflexión personal que se sale del ámbito de este artículo, decidí que no quería esperar.

La decisión de renunciar a mi trabajo la tomé porque sentía que era el momento correcto de hacer el viaje y no un año después. Además llevábamos 5 años planeando este viaje y esperar un año adicional hubiera sido muy duro.

Decidir qué tipo de viaje quieres hacer

Como preparar un viaje largo: diferentes maneras de viajar

Una vez definido el tiempo disponible, la siguiente pregunta es: ¿qué tipo de viaje queremos hacer?

Y aquí hay una decisión que define todo lo demás: ¿viajar rápido o viajar despacio?

Por ejemplo, he seguido muchos viajeros que han recorrido Suramérica. Algunos de ellos lo han hecho en pocos meses, cuatro o cinco, mientras que otros han tardado años. Incluso unos viajeros que sigo tardaron 9 años.

Viajar rápido: más destinos y más planeación

Aquí se prioriza la cantidad de lugares a visitar. Es el modelo de quien quiere dar la vuelta al mundo, recorrer un continente de punta a punta o conocer el mayor número de países posible. El ritmo lo impone el itinerario.

Eso es exactamente lo que buscan muchos viajeros. La emoción de llegar a un lugar nuevo, la satisfacción de haber cubierto mucho terreno, el placer de que el movimiento en sí sea el viaje.

El costo es que la planeación es más exigente, pero para quien disfruta ese ritmo es parte de la experiencia.

Viajar despacio: menos lugares, más inmersión

Un viaje lento apuesta por lo contrario. Menos destinos, pero más tiempo en cada uno. Más posibilidad de conocer la cultura local, de salir de los circuitos turísticos, de que el itinerario se vaya ajustando sobre la marcha.

El costo aquí es otro: puedes perderte muchos lugares, el avance es lento, y a veces la rutina se instala aunque estés viajando.

Este fue el modelo que elegimos nosotros, por una razón simple: queríamos que el viaje nos dejara la flexibilidad de adaptarnos a lo que fuera surgiendo. Por ejemplo la posibilidad de quedarnos más tiempo en los lugares que nos gustaran y quisieramos conocerlos mejor.

Aunque en la práctica hubo momentos en que tuvimos que acelerar el ritmo, o quedarnos más tiempo del planeado en un lugar, como cuando Adry se enfermó y necesitaba tiempo para recuperarse.

La flexibilidad completa no existe

Siempre habrán factores limitantes con los que habrá que convivir. En nuestro caso, fueron dos: los vuelos y los tiempos máximos de estadía en cada país.

Cuando compras un tiquete de avión con antelación, estás fijando una fecha. Y cuando entras a un país, hay un límite de días que no puedes ignorar. Lo que hicimos para sortear esto fue comprar solo los vuelos de ida, y los de regreso irlos comprando sobre la marcha, según cómo se fuera desarrollando el viaje.

Escoger el destino del viaje

Foto de Global Residence Index en Unsplash

Con esto en mente, el siguiente paso fue escoger el destino, que como bien saben, fue Asia.

El sueño de Adry era conocer Nepal, país por el que ella se siente especialmente atraída y a mí siempre me ha gustado Tailandia, así que decidimos concentrar la mayor parte del viaje en estos dos países y recorrerlos con calma durante tres o cuatro meses. Adicionalmente queríamos recorrer México en moto durante otros tres meses.

Hablando de flexibilidad, la realidad del viaje fue diferente. En vez de dos países en Asia visitamos nueve y cancelamos el viaje a México.

Por una parte se nos presentó la oportunidad de compartir una parte del viaje con nuestra hija María Camila y por otra lado reflexionamos que si ya estábamos al otro lado del mundo, valía la pena explorar y conocer más países de Asia porque no sabíamos cuando tendríamos la posibilidad de volver.

Esto es exactamente lo bueno de este tipo de viaje: la libertad de cambiar los planes por completo según el desarrollo del viaje.

Cómo financiamos el viaje y establecimos un presupuesto

Un viaje de varios meses tiene un costo significativo, pero cuando se tiene tiempo para prepararlo, las opciones son muy distintas a las de quien decide partir en seis meses.

Nosotros tuvimos cinco años, y eso marcó una diferencia enorme. Empezar a ahorrar con tanta antelación nos permitió hacer una planificación financiera responsable y reunir los fondos que necesitábamos.

Cancelar deudas y ahorrar con una meta clara

Desde el momento en que decidimos que íbamos a hacer este viaje, el manejo de nuestras finanzas cambió. Ya no era solo administrar el dinero del mes: era tomar decisiones con una meta concreta.

Lo primero fue hacer un plan para cancelar las deudas que teníamos. No partir con obligaciones financieras pendientes era una condición que nos habíamos puesto desde el principio.

Lo segundo fue revisar cada gasto con una pregunta nueva: ¿esto es realmente necesario, o podemos prescindir de ello? Cuando tienes una meta que te importa de verdad, esa pregunta se vuelve fácil de responder.

Por ejemplo, teníamos la costumbre de cambiar el carro, máximo cada cinco años, pero con este proyecto en mente decidimos conservarlo. Ese tipo de decisiones, repetidas durante años, es lo que hace posible ahorrar para un proyecto como este.

Establecer un presupuesto base

Una vez que tuvimos claro cuánto podríamos ahorrar, el siguiente paso fue estimar cuánto costaría el viaje para tener una meta concreta de ahorro.

Es una pregunta muy difícil de responder, porque no es lo mismo viajar hospedándose en hoteles de cinco estrellas que en hostales.

En los viajes largos hay una regla básica: entre menos gastes, más puede durar el viaje.

Por eso, y para tener el mayor margen de seguridad, decidimos hacer un viaje con presupuesto bajo.

Esto en la práctica significó:

📌 Usamos aerolíneas de bajo costo cuando fue posible, aunque implicara someterse a las restricciones que tienen, sobre todo en el equipaje, en cuanto a volumen y peso.

📌Evitamos los grandes resorts turísticos y privilegiamos opciones más económicas, como alojamientos en barrios locales, con los cuales tuvimos buenas experiencias y otras más regulares.

También estuvimos hospedados en hostales de mochileros donde a cambio de un alojamiento económico tienes la incomodidad de compartir el baño o incluso dormir en piezas compartidas con otros huéspedes.

📌 Preferimos el transporte terrestre sobre el aéreo para los desplazamientos entre ciudades, Esto significó pasar muchas horas en los buses, lo cual no siempre fue fácil. Nuestro record fue un trayecto de 24 horas entre Vietnam y Laos.

📌 Hacer actividades turísticas muy seleccionadas. Aprendimos que no todas las experiencias vale la pena pagar por ellas y escogimos solo las que más nos llamaron la atención.

📌 Cocinar siempre que fuera posible. Bueno, este es un consejo que no siempre se aplica en Asia porque la comida es muy barata.

Aun teniendo estas líneas generales, elaborar el presupuesto no fue sencillo. Para hacerlo más manejable, lo dividimos en varios componentes:

Pasajes aéreos

Fue lo más fácil de estimar usando los buscadores tradicionales de vuelos, aunque debo advertir que se consume mucho tiempo cuando se están buscando opciones económicas.

Visados

Los visados pueden ser gratuitos, de bajo costo o representar un gasto considerable. En este caso también fue fácil: la información está disponible en internet.

Desplazamientos terrestres largos

Este fue el componente más difícil de calcular: no encontramos referencias claras y tampoco sabíamos con certeza qué rutas íbamos a hacer dentro de cada país, ya que queríamos mantener la flexibilidad.

Al final establecimos un fondo con una cantidad que nos pareció razonable, aunque sin ningún punto de referencia concreto.

Vida diaria

Para este componente nos basamos en la experiencia de otros viajeros en Asia. La referencia que usamos fue de 50 dólares canadienses por día para los dos, incluyendo alojamiento, alimentación, compras pequeñas y transporte local.

La vida diaria en Asia es más barata que en América o Europa, pero aun así fue un presupuesto ajustado. Teníamos ganas de ver si podíamos cumplirlo, pero también la disposición de ajustarlo si la realidad era distinta.

Atracciones y actividades

Asia tiene experiencias que tienen un costo: templos con entrada, excursiones, tours guiados. Sabíamos que no las íbamos a hacer todas, pero sí las más importantes.

Al igual que con los desplazamientos terrestres, establecimos un fondo sin referencia precisa: si se agotaba rápido, recortaríamos; si sobraba, nos daríamos más libertad.

Seguro de salud

Uno de los gastos que no se puede negociar en un viaje largo. En términos de dinero, representó una proporción significativa del presupuesto total, pero viajar sin cobertura médica durante meses es un riesgo que no estábamos dispuestos a asumir.

En un próximo artículo de esta serie detallaremos el costo total del viaje y de cada uno de los componentes mencionados.

Gestionar la ausencia del lugar de residencia

Hay una serie de obligaciones y responsabilidades de las cuales hay que seguir ocupándose, aunque hayamos puesto nuestra vida cotidiana en pausa y estemos de viaje.

Por ejemplo los gastos fijos del hogar (hipoteca o alquiler, seguros, servicios), las obligaciones financieras, la correspondencia, cuidado de los vehículos, etc.

La manera como resolvimos esta parte, es que encontramos una persona que se quedaría en el apartamento durante el año que estuviéramos de viaje y además ella se haría cargo de nuestra correspondencia y notificaciones que recibiéramos por correo.

Respecto a las obligaciones financieras, como ya mencionamos, durante los 5 años que duró la planeación de este viaje, cancelamos las deudas que teníamos y antes de partir anulamos los planes de celular y de Internet y las subscripciones mensuales que teníamos. El carro lo vendimos y la moto quedo guardada en el garaje de la casa de un amigo.

La parte que más nos preocupaba era la cobertura de salud de la provincia de Québec, donde residimos, que es gratuita pero tiene la condición de que se debe permanecer 6 meses al año dentro de la provincia, sino se pierde.

Afortunadamente nos enteramos que existe una excepción, que permite ausentarse el año completo. Se llama año septenial, que como su nombre lo indica solo se puede solicitar una vez cada siete años.

Planificar un viaje largo no es planificar vacaciones

Planificar unas vacaciones de dos o tres semanas es un ejercicio de precisión. Hoteles confirmados, actividades reservadas, itinerario por días. El objetivo es que nada falle. Planificar un viaje de varios meses es exactamente lo contrario.

No se trata de tenerlo todo resuelto antes de salir, sino de tener lo suficiente resuelto para poder salir. El resto se construye en el camino.

Y eso fue exactamente lo que nos pasó. Aunque en términos generales cumplimos con el presupuesto que habíamos establecido, el itinerario del viaje terminó siendo muy diferente a lo que habíamos planeado: países que no estaban en la planeación original, rutas que cambiamos sobre la marcha, tiempos de estadía que se alargaron o se acortaron.

Esto es precisamente lo que más valoramos de hacer un viaje largo: No es necesario tener un itinerario estricto ni demasiado detallado porque esta forma de viajar proporciona la flexibilidad para cambiarlo y adaptarse a las circunstancias que se vayan presentando.

Y viajar con esa flexibilidad era en realidad lo que queríamos vivir, además de experimentar el viaje largo como una forma de vida, más allá de las vacaciones anuales que te permite un trabajo.

De eso hablaremos en el próximo artículo: Cuando viajar deja de ser vacaciones.