Estábamos sentados alrededor de la mesa después de un día de trabajo, que consistió en labores de jardinería en el terreno, alrededor de la casa.
Jannick y Pierre nos estaban contando algunas de las miles de historias y anécdotas ocurridas en sus 30 años de viajes en bicicleta alrededor del mundo.
Durante la semana y media que llevábamos en este voluntariado, habíamos compartido con ellos muchas conversaciones, tareas domésticas, comidas y una parte de su vida cotidiana, además de conocer la hermosa región de Charlevoix en Quebec.
Ese momento alrededor de la mesa representa bastante bien lo que hemos encontrado haciendo diferentes voluntariados en Canadá, durante varios meses usando las plataformas Workaway y Worldpackers.
Estos voluntariados consisten en colaborar durante unas horas al día, en tareas cotidianas o puntuales que sean una ayuda para los anfitriones y a cambio, recibimos alojamiento y comida.
Este acuerdo o intercambio de servicios ha representado para nosotros la oportunidad de conocer más de cerca otras formas de vivir, regiones de Quebec que no habíamos explorado, así como la vida local.
También ha sido una manera de economizar gastos en nuestra vida nómada y tener experiencias diferentes. Esta forma de viajar se conoce como volunturismo.
- Del voluntariado humanitario al volunturismo
- Las principales plataformas para encontrar oportunidades de volunturismo
- Los problemas y dilemas éticos del volunturismo y la respuesta de las plataformas
- Nuestra experiencia con Workaway y Worldpackers: de Nepal a Canadá
- Lo mejor y lo más difícil de viajar haciendo volunturismo
- ¿Volveremos a hacer volunturismo?
Del voluntariado humanitario al volunturismo
Cuando empezamos a investigar este tema, descubrimos que mucho antes de internet, ya había personas que viajaban a otras regiones de su país o del mundo para participar en programas de voluntariado.
Generalmente, estos eran gestionados por organismos internacionales, ONG u organizaciones sin ánimo de lucro.
Los programas respondían a necesidades identificadas por las organizaciones o las comunidades receptoras. Podían estar relacionados con emergencias humanitarias, conflictos, desastres naturales o proyectos de cooperación en ámbitos como la salud y la educación. Dependiendo de las tareas, también podían exigir formación profesional y compromisos prolongados.
En estos casos, el propósito principal era colaborar con una causa. El viaje era una consecuencia del voluntariado.
Durante las décadas de 1980 y 1990, el crecimiento de los viajes internacionales, los años sabáticos y el turismo alternativo dieron impulso a una modalidad diferente. Agencias y operadores turísticos comenzaron a ofrecer programas que combinaban el viaje con la participación en proyectos sociales, ambientales o comunitarios.
Apareció así el modelo conocido como pay to volunteer: el viajero pagaba a una empresa intermediaria para ser asignado a un proyecto. La voluntad de ayudar comenzó a convivir de manera más evidente con otros intereses, como conocer un destino, acercarse a otra cultura o vivir una experiencia diferente.
Esta combinación entre turismo y voluntariado es lo que se conoce como volunturismo. El viaje ya no era solamente una consecuencia de la colaboración, sino una parte central de la experiencia e incluso un producto ofrecido por agencias especializadas.
Plataformas como Workaway, Worldpackers y otras similares permitieron que viajeros y anfitriones se pusieran en contacto sin depender de una agencia tradicional. En lugar de pagar para ser asignado a un proyecto, el viajero adquiere una membresía que le permite acceder a una red inmensa de oportunidades.
También cambió la naturaleza de la relación. Aunque las plataformas llaman “voluntariados” a estas experiencias, muchas funcionan en realidad como un intercambio: a cambio de nuestra ayuda con determinadas tareas obtenemos alojamiento, comida y otros beneficios. Ambas partes aportamos y ganamos. Como resultado, esta manera de viajar se hizo más accesible, se redujeron los costos de intermediación y se multiplicaron las posibilidades.
Cuando estábamos buscando nuestras primeras oportunidades para hacer volunturismo, encontramos ofertas muy variadas: ayudar a familias, colaborar en granjas, participar en obras sociales o realizar tareas en hostales y otros establecimientos turísticos.
Debemos aclarar que las plataformas no usan el término “volunturismo”, por eso cuando estemos hablando de ellas, diremos que ofrecen “voluntariados” y no “oportunidades de volunturismo”.
Las principales plataformas para encontrar oportunidades de volunturismo

Existen diferentes plataformas para encontrar este tipo de experiencias. Aunque todas facilitan el contacto entre viajeros y anfitriones, no tienen la misma dimensión, estructura ni especialización.
Las dos plataformas que nosotros usamos, y por las cuales pagamos una membresía anual, son Workaway y Worldpackers.
Nota: Las cifras que presentamos a continuación proceden de las propias plataformas y fueron consultadas en agosto de 2026.
Workaway fue fundada en 2002 y es en la que hemos encontrado el mayor número de oportunidades y con más variedad. Encontramos familias, casas particulares, granjas, proyectos sociales, ambientales y alojamientos turísticos.
Actualmente Workaway declara más de 50.000 oportunidades en más de 170 países. También cuenta con herramientas para ponerse en contacto con otros viajeros que se encuentran en la misma región, para establecer contacto y fomentar la conexión social.
Worldpackers, lanzada en 2014, reúne más de 9.000 anfitriones en más de 140 países. Hemos comprobado que hay menos oportunidades que en Workaway y también menos variedad. En su catálogo tienen una presencia importante los hostales y alojamientos turísticos, aunque también incluye familias, granjas, ecoaldeas, ONG, escuelas y proyectos comunitarios.
A pesar de esto, en Worldpackers nos hemos sentido más cómodos porque es más estructurado el proceso de postularse para un voluntariado. En Workaway todo se basa en la comunicación directa entre ambas partes usando el servicio de mensajería de la plataforma, mientras que aquí hay que hacer una solicitud formal y ser aceptados. A su vez nosotros debemos confirmar nuestra estancia.
Además, cuenta con contenidos de formación y el programa WP Safeguard, que brinda asistencia cuando se incumplen las condiciones acordadas.
Otras plataformas que también son muy usadas son:
HelpX, abreviatura de Help Exchange, funciona desde 2001. La plataforma no publica cifras actualizadas, pero opera en regiones como Australia, Nueva Zelanda, Europa, Canadá, América Latina, Asia y África. Su catálogo incluye granjas, casas particulares, ranchos, hostales y alojamientos rurales.
WWOOF, actualmente conocida como World Wide Opportunities on Organic Farms, es anterior a las plataformas digitales. Existe desde 1971. Su red cuenta con más de 12.000 granjas en más de 130 países. Está dirigida a quienes desean aprender sobre agricultura orgánica, producción sostenible y formas de vida vinculadas al campo.
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Los problemas y dilemas éticos del volunturismo y la respuesta de las plataformas
En sus comienzos, las plataformas funcionaban de manera parecida a un tablón de anuncios, donde se publicaban las oportunidades y ambas partes acordaban, de manera privada, las tareas y las condiciones de la estancia.
Este modelo facilitó encuentros que antes habrían sido difíciles de organizar, pero dejaba casi toda la responsabilidad en manos de los participantes. La plataforma ayudaba a establecer el contacto y tenía una intervención limitada en lo que sucedía después.
A medida que aumentó el número de usuarios, comenzaron a hacerse visibles las debilidades del sistema. Algunos viajeros encontraron jornadas más largas de lo acordado, tareas diferentes de las anunciadas, alojamientos inadecuados o cancelaciones de última hora. También aparecieron situaciones relacionadas con el acoso, la explotación y la dificultad para abandonar lugares aislados.
Los problemas no procedían únicamente de los anfitriones. Había viajeros que no se presentaban, incumplían sus compromisos, causaban daños o buscaban solamente un alojamiento gratuito.
Estas situaciones hicieron que las plataformas asumieran un papel más activo. Dejaron de limitarse a facilitar el contacto y comenzaron a desarrollar mecanismos de confianza, seguridad y regulación.
Incorporaron la revisión de perfiles, la verificación de identidad, la mensajería interna, los sistemas de reseñas, los canales para presentar denuncias y las políticas para suspender cuentas. De esta manera, las experiencias individuales comenzaron a generar información útil para toda la comunidad y los comportamientos problemáticos podían tener consecuencias dentro de la plataforma.
También aparecieron mecanismos de asistencia para situaciones en las que los acuerdos no se cumplían. Worldpackers desarrolló su programa Safeguard, que puede ayudar al viajero a encontrar otra oportunidad y, dependiendo de la membresía, cubrir una cantidad limitada de alojamiento. Workaway ofrece Emergency Help para determinadas situaciones relacionadas con el incumplimiento del hospedaje.
Otro dilema al que se ha enfrentado el volunturismo es cuando la experiencia es en realidad un empleo encubierto que le quita la oportunidad a una persona local. Esta situación se ha presentado cuando el voluntariado era ofrecido por personas que desarrollaban una actividad económica y buscaban ayuda con su negocio, pero en realidad trataban a los voluntarios como empleados sin sueldo.
Ayudar ocasionalmente en el huerto o la casa de una familia no es lo mismo que cubrir un turno de recepción, limpieza o cocina del que depende el funcionamiento de, por ejemplo, un hostal.
Que el anfitrión sea un negocio no lo vuelve automáticamente un empleo encubierto, pero sí debemos mirar con más atención que las condiciones de nuestra colaboración, como los horarios, las tareas y el tiempo libre, sean razonables.
Para contrarrestar esta problemática, las plataformas han reforzado la revisión de este tipo de perfiles y hacen un seguimiento más estricto de los comentarios, reseñas y reportes de los voluntarios para detectar anomalías. Pueden incluso suspender o eliminar cuentas cuando reciben denuncias graves o quejas recurrentes.
Al final, todo se reduce a un equilibrio justo entre las tareas que realizamos y lo que recibimos a cambio. No es solamente el alojamiento y la comida, sino también las oportunidades de aprendizaje, que la convivencia y el intercambio cultural con el anfitrión y otros voluntarios sean agradables, y que el tiempo libre sea suficiente para conocer el destino.
Si los horarios son muy estrictos, la exigencia es la misma que la de un empleado, y entre más indispensables sean las tareas realizadas para el funcionamiento del negocio, más se va a parecer a un trabajo disfrazado.
Por estas razones, cuando estemos buscando oportunidades es muy importante leer con mucha atención las reseñas de otros viajeros que hayan sido voluntarios en ese lugar. Además, Workaway y Worldpackers permiten ponerse en comunicación directa con ellos para despejar dudas y hacer preguntas.
Nuestra experiencia con Workaway y Worldpackers: de Nepal a Canadá

Nosotros hemos hecho volunturismo en Nepal y Canadá.
Nuestra primera experiencia fue en Katmandú, Nepal, donde participamos en un proyecto social que recibía a un grupo de niños después de la escuela. Durante un par de horas jugábamos con ellos y organizábamos actividades de práctica de idiomas y otros temas.
En este caso, además de colaborar, pagábamos diez dólares americanos por persona y día. Según nos explicaron, este dinero se utilizaba para sostener la obra social, lo que es una práctica común en este tipo de obras sociales, sobre todo en países más pobres.

La experiencia con los niños fue muy especial y nos permitió acercarnos a una realidad que difícilmente habríamos conocido como turistas.
Nuestras experiencias en Canadá han sido diferentes. Colaboramos principalmente con familias que necesitaban ayuda en sus terrenos o granjas. Realizamos trabajos de jardinería, sembramos cultivos, preparamos comidas, participamos en algunas labores domésticas y en proyectos puntuales.
Aunque Quebec ha sido nuestro hogar por más de 19 años, estas experiencias nos permitieron conocer otras regiones que no habíamos explorado y además la relación humana con los anfitriones fue muy especial porque eran personas interesantes, abiertas y con muchas historias que contar, por lo que el intercambio humano fue muy enriquecedor.
Además, constatamos que ellos también disfrutaron de nuestra compañía. De hecho, muchos de ellos están en las plataformas, no solo porque necesitan ayuda, sino también porque disfrutan conociendo personas de otros lugares con modos de vida diferentes y hasta pueden practicar otros idiomas (aunque hablamos francés, algunos practicaron español con nosotros).
Notamos una diferencia con una de las familias, donde además de colaborar en la granja también ayudamos con algunas tareas de su negocio familiar. Fue en este voluntariado donde trabajamos con más intensidad y tuvimos horarios más estrictos y donde sentimos que los anfitriones tenían más presión. Lo notamos en el nivel de estrés que manejaban. Aun así, el momento de la comida de la noche era donde nos relajábamos y podíamos compartir más y conocerlos mejor.
Lo mejor y lo más difícil de viajar haciendo volunturismo

La ventaja más evidente es económica. Reducir los gastos de alojamiento y comida nos permite alargar el viaje.
Al permanecer más tiempo en un lugar, también podemos viajar despacio y acercarnos a personas, realidades y formas de vida que difícilmente conoceríamos durante una visita breve como turistas.
Por ejemplo, en una ocasión nos invitaron a una reunión del grupo de amigos de nuestros anfitriones. Prepararon una pizza deliciosa y compartimos una noche muy agradable con personas que acabábamos de conocer, pero que nos hicieron sentir como amigos de toda la vida.
Otro aspecto positivo es el aprendizaje de nuevas habilidades. Dependiendo del proyecto, podemos adquirir conocimientos prácticos sobre una variedad de temas. En nuestro caso, aprendimos principalmente sobre jardinería e incluso sobre la elaboración del jarabe de arce (Maple Syrup), cuando en una de las granjas en las que estuvimos pudimos ver todo el proceso de fabricación y los equipos utilizados.
Los anfitriones también se benefician de esta relación. No solo obtienen ayuda práctica, sino la riqueza de los conocimientos de los voluntarios, la oportunidad de hacer un intercambio cultural e inclusive practicar otro idioma.
Viajar haciendo volunturismo también tiene sus dificultades, empezando por que entramos en la casa y en la rutina de otra familia: adaptarnos a sus costumbres, sus horarios y su manera de organizar las tareas hace parte de la experiencia, pero en ocasiones no es fácil.
Nosotros tuvimos la suerte de estar con personas que ya estaban acostumbradas a recibir voluntarios y que desde el principio nos hicieron sentir bienvenidos.
Aunque las horas de colaboración estén definidas desde el principio y sean razonables, organizar el tiempo libre no siempre es tan sencillo como parece. Después de una jornada de trabajo físico, muchas veces no queda suficiente energía para salir a conocer los alrededores o realizar actividades personales.
La ubicación también puede ser una dificultad. Muchas de estas oportunidades se encuentran en granjas o propiedades alejadas de los centros urbanos y, sin un medio de transporte, el viajero puede quedar aislado.
Nosotros teníamos nuestro propio vehículo, lo que nos dio libertad para desplazarnos y aprovechar los días libres. En otros casos, los anfitriones pueden recoger a los voluntarios, llevarlos a la población más cercana o invitarlos a acompañarlos cuando salen. Aun así, depender de otras personas limita la autonomía y es algo que conviene tener presente.
Nuestras experiencias han sido muy positivas hasta el momento. Sabemos que pueden surgir dificultades, como las que han sido reportadas por otros viajeros y que se resumen en los siguientes puntos:
- Las condiciones del alojamiento pueden ser diferentes de las anunciadas (privacidad, comodidad) o presentar problemas de higiene o salubridad.
- Horarios, tareas y tiempo libre que no coinciden con lo acordado.
- Problemas de comunicación o convivencia con los anfitriones que pueden incluso echar a perder toda la experiencia.
Las reseñas han ayudado a reducir estos riesgos, pero siempre existe el peligro de que algo así ocurra.
¿Volveremos a hacer volunturismo?
Nos ha gustado mucho hacer volunturismo. Aparte del ahorro en alojamiento, valoramos las experiencias que hemos tenido, el contacto y la relación que hemos desarrollado con la gente de cada lugar y las nuevas habilidades aprendidas.
Vamos a seguir buscando este tipo de experiencias en nuestros próximos viajes, que seguramente serán por América Latina. En próximos artículos seguiremos explorando este tema.



