Qué es un viaje largo y por qué cada vez más personas se atreven a hacerlo

En enero de 2025, Adry y yo cerramos la puerta de nuestro apartamento. Era el inicio del año sabático que habíamos planeado durante mucho tiempo.

Lo que empezó como un sueño se convirtió en un viaje largo por Asia de siete meses, una experiencia que hoy queremos compartir desde la realidad, más allá de las guías turísticas tradicionales.

Este es el primero de una serie de artículos que vamos a publicar en Nómadas 50 basados en esa experiencia. No hablaremos solo de destinos, sino de la logística, los aprendizajes y los retos emocionales de pausar la vida cotidiana para explorar el mundo sin prisas.

La decisión de hacer este viaje la tomamos 6 años antes (tema al que dedicaremos el próximo artículo de la serie), tiempo durante el cual ahorramos y planeamos, no solo el itinerario y la logística, sino todo lo necesario para poder pausar nuestra vida cotidiana durante un año completo.

Pero antes de contar nuestras experiencias, vamos a definir, en este artículo introductorio, qué es un viaje largo porque la respuesta no es tan obvia como parece.

¿Qué es realmente un viaje largo?

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👉“El que vuelve de un (gran) viaje, no es el mismo que se fue.”
Proverbio Chino

Un viaje largo, o un gran viaje, como también se denomina, no se define solo por la cantidad de meses que dura, ni hay que darle la vuelta al mundo para que cuente. La diferencia clave es otra:

Es un viaje en el cual suspendemos temporalmente la vida cotidiana —trabajo, vivienda y rutinas— para adoptar un estilo de vida itinerante durante un periodo prolongado.

Pablo Strubell e Itziar Marcotegui, creadores del sitio web ungranviaje.org y referentes de los viajes largos en el mundo hispanohablante, además de autores del libro Cómo preparar un gran viaje, complementan esta definición analizándola desde el punto de vista del reto personal que significa:

Un gran viaje no va ligado a una duración determinada, sino que es aquel que supone un reto: para una persona experimentada puede ser dar la vuelta al mundo en barco y para alguien que ha viajado menos, recorrer Europa durante tres meses.

Es más importante la situación personal, el ánimo y las circunstancias en las que se emprende, el desafío que supone y lo que representa para cada persona.

También la capacidad y valentía de romper con la comodidad, la zona de confort y la estabilidad laboral o material… Así que tener el coraje y las ganas de lanzarte a viajar dos, cinco o los meses que sean, y dejar atrás por un tiempo la rutina, tu trabajo, tu casa, tu familia y amistades, es lo que convierte un viaje en un gran viaje”

Lo que sí tienen en común todos los viajes largos es que en algún momento pasan de ser “vacaciones” a ser una vivencia más profunda, donde somos más viajeros que turistas.

El viaje largo se convierte en un modo de vida diferente, aunque sea temporal, que abre la puerta a experiencias y aprendizajes que un viaje de corta duración no permite.

En muchos casos, este enfoque se acerca a lo que hoy se conoce como slow travel, una forma de viajar que prioriza el tiempo, la inmersión y la conexión con la vida local.

Un viaje largo: ¿para quién es?

No todo el mundo desea hacer un viaje largo. Y eso no es bueno ni malo. Es simplemente una cuestión de personalidad, de momento vital y de circunstancias.

Desde la psicología, uno de los rasgos que más se asocia con este tipo de decisiones es la “apertura a la experiencia”, uno de los cinco grandes rasgos del modelo de personalidad conocido como «Big Five».

Las personas con alta apertura suelen sentirse atraídas por lo nuevo, lo incierto, lo culturalmente distinto. Disfrutan la exploración, la flexibilidad y la posibilidad de redefinirse.

En cambio, quienes valoran más la estabilidad, la previsibilidad y la estructura pueden experimentar un viaje largo como una fuente de estrés más que de descubrimiento. Y eso no significa que viajen menos o peor. Simplemente viven el viaje de otra manera.

Hacer un viaje largo implica tolerar la incertidumbre: aceptar que no todo está bajo control, que el itinerario puede cambiar, que la rutina desaparece.

Para algunas personas eso es liberador. Para otras, desestabilizante. Pero más allá de la personalidad, también hay perfiles que, por sus circunstancias, son más propensos a dar este paso.

Los nómadas digitales

El auge del trabajo remoto ha cambiado radicalmente el panorama. Hoy muchas profesiones permiten trabajar desde cualquier lugar con una conexión a internet.

Esto ha facilitado que miles de personas conviertan un viaje largo en un estilo de vida itinerante. fenómeno conocido como nomadismo digital.

No viajan “de vacaciones”, sino que combinan trabajo y desplazamiento.

Permanecen semanas o meses en cada lugar, alquilan apartamentos, construyen rutinas temporales. Para ellos, un viaje largo no es una pausa laboral, sino una forma distinta de entender el trabajo.

Estudiantes y recién graduados

Tradicionalmente, el “gap year” o año sabático juvenil ha sido una puerta de entrada a los viajes largos.

Terminar una etapa académica crea un espacio natural de transición. No hay hipoteca, ni hijos, ni compromisos laborales estables.

Para ellos, hacer un viaje largo puede ser una forma de exploración personal y de adquirir una perspectiva diferente del mundo, antes de asumir las responsabilidades de la vida adulta.

Personas que quieren hacer una pausa en la vida cotidiana

Las razones para hacer un viaje largo son tan variadas como las personas que se atreven a hacerlo.

Hay quien necesita hacer una pausa después de años de rutina laboral, quien atraviesa un momento de insatisfacción en su vida y busca perspectiva, o quien simplemente quiere viajar de otra manera: sin prisas, con flexibilidad, con tiempo real para conocer la vida local y otras culturas.

También están los jubilados, que después de la vida laboral, pueden dedicar una parte del año a viajar sin las limitaciones que las vacaciones anuales, por su corta duración, rara vez permiten.

En nuestro caso, la pausa llegó en un momento de cambio de ciclo.

Llevábamos muchos años viviendo en Canadá, nuestros hijos estaban terminando la universidad y pronto se independizarían. Era el momento justo para hacer algo que siempre habíamos soñado: viajar sin las restricciones del calendario laboral, conocer los lugares con más calma y profundidad, y conectar de verdad con la gente y las culturas que visitaríamos.

Además, queríamos volver a nuestro país de origen, sin prisas, y acompañar a nuestros padres mientras todavía podemos hacerlo. En el próximo artículo les contamos cómo tomamos esa decisión nosotros.

Un viaje largo ya no es algo excepcional

Hace unos años, hacer un viaje largo era más difícil y complejo.

Era necesario recurrir a una agencia de viajes especializada, resolver trámites burocráticos con poca información y moverse por un mundo donde las distancias pesaban más. Hoy muchas de esas barreras se han reducido.

El trabajo remoto —ya mencionado al hablar de los nómadas digitales— permite que, en algunos casos, no sea necesario dejar de trabajar para viajar durante meses. Y en muchos países y empresas se ha normalizado hacer pausas laborales a través de licencias no remuneradas o años sabáticos pactados. No es automático, pero sí es una conversación más plausible que hace veinte años.

La tecnología ha simplificado enormemente la logística. Planear un viaje largo ya no exige meses de gestiones a ciegas

Hoy se puede comparar precios, reservar transportes y alojamientos por semanas o meses, contratar seguros y armar un itinerario flexible desde cualquier pantalla. Incluso muchos trámites burocráticos se han digitalizado, lo que reduce tiempos y complejidad.

El mundo también está más conectado. Hay más rutas aéreas, más infraestructura para moverse y visitar lugares que antes eran difíciles de recorrer sin apoyo o contactos locales. El planeta no se ha vuelto más pequeño, pero sí es más accesible.

Nada de esto convierte un viaje largo en algo fácil. Pero sí lo vuelve realista: menos dependiente de conocimientos especializados y más posible para quien esté dispuesto a organizarlo.

Nosotros llegamos a esta conclusión por experiencia propia. Durante años hicimos viajes familiares con nuestros hijos y comprobamos que toda la planificación la podíamos hacer nosotros mismos, sin agencias ni intermediarios.

Al mismo tiempo, unas pocas semanas al año se nos quedaban cortas. Siempre había más lugares que queríamos explorar, más tiempo que hubiéramos querido quedarnos. Además fuimos descubriendo, a través de YouTube y redes sociales, que había muchas personas haciendo viajes largos de forma autónoma. Ver sus experiencias hizo que la idea dejara de parecer una fantasía para convertirse en algo concreto.

En el próximo artículo de la serie contaremos cómo tomamos la decisión de hacer este viaje largo, qué miedos aparecieron en el proceso y qué nos hizo sentir que era el momento de hacerlo.

❓ Preguntas frecuentes (FAQ) sobre un viaje largo